Mi carrera política comenzó cuando tenía 25 años y en buena medida fue fruto de la casualidad. Durante una reunión familiar, Marcelino Oreja me sorprendió proponiéndome que fuera candidato de la UCD por Guipuzcoa al Senado.
En aquellos momentos, era difícil encontrar a gente en el País Vasco dispuesta a aparecer en listas electorales. Acepté y gracias a ello pude formar parte de una época apasionante, como fueron los años de la transición, cuando éramos tantos los que trabajábamos con una misma ilusión: traer la democracia a España y, en especial, al País Vasco.